Deadline
A veces cuesta sostener este proyecto. Sí, lo digo y qué.
Hablemos de hacer música. Estoy seguro de no ser el único bajo estas circunstancias: son demasiadas las ideas y muy poco el tiempo para concretarlas, digo, eficientemente. Es cierto que quizás al amparo de una producción realmente profesional (como pueden ser las del 1er mundo, aquellas con un mercado consolidado), con los recursos adecuados y la energía y tiempo suficientes, y sobre todo con un equipo humano que soporte cualquier prueba, incluso el paso del tiempo (estéril), podría-mos tener grandes productos de arte.
Quizás.
Pero no es más que una suposición. ¿Dónde estamos? En Santiago de Chile, rodeados de algunos amigos que están en la misma que uno: armando sus cuentos a costa del tiempo extra, de las amarritas, los alambres en la cañería que gotea, el parche, el "retrato hablado" de lo que debiera ser.
¿Pero qué es lo que "debiera ser"? ¿Acaso no somos así en Chile? ¿No estamos acostubrados a nuestra Alameda-parche? ¿A nuestras exóticas y terroríficas micros, tatuadas y recicladas hasta que la muerte las separe?, ¿No somos acaso una mezcla inata de eternos maestros chasquilla de lo cotidiano?. Me atrevo a decir que sí, aunque ese celular última generación quiera decir lo contrario. Sí, puedo estar equivocado, obvio. Pero es parte de lo que creo que somos, y por ello parte de cómo hacemos lo que hacemos.
Así es como me encuentro, cual maestro chasquilla trabajando con lo que pillo, con lo que encuentro por ahí, y con lo que le queda de vida a esta máquina. Computador le dicen. Todo lleno de parches, en jerga..."el festival del loop suelto".
Heme aquí, haciendo un disco inspirado en el Antipoeta, quien a estas alturas ya casi es mi anticristo de elqui.
Lo hago porque quiero, en todo caso. No me mires con esa cara de "te metiste en camisa de once varas cabrito".
Estoy en el deadline, el punto de no retorno de un atado de música que ni siquiera sé si la escuchará con atención, él, Parra, don Nica. No sé si será de su agrado, si entenderá. Aunque intuyo que sí, como cuando lo ví en Las Cruces y me aprobó (¿sería porque estaba mi hija y no quiso dejarme en ridículo delante de mi pequeña?). Eso ya no importa en todo caso. Ya lo conocí, y él me vió también. Con eso me di por pagado. Ahora estoy ocupado en parar las goteras, en seguir con esto que está a punto de terminar. O de empezar, vaya a saber uno.
Lo único que ahora me ocupa es sacar un disco digno, pobre pero honrado como dirían por ahí. Pobre porque está hecho en casa, y sobre todo honrado, por pedirle ayuda a los amigos.
Pero qué digo. Me quejo de lleno.
¿Qué sabría la Violeta de computadores, de multipistas, de cdr's, de sellos multinacionales? Probablemente nada. Ella pudo con una guitarra hacer lo que yo jamás.
Por eso mejor sigo con esta empresa y me quedo calladito tapando las goteras. Total qué se le va a hacer. A lo hecho, pecho. Y que sea lo que + quiera. Total estoy dejándolo todo en la cancha.
O casi todo.
Hablemos de hacer música. Estoy seguro de no ser el único bajo estas circunstancias: son demasiadas las ideas y muy poco el tiempo para concretarlas, digo, eficientemente. Es cierto que quizás al amparo de una producción realmente profesional (como pueden ser las del 1er mundo, aquellas con un mercado consolidado), con los recursos adecuados y la energía y tiempo suficientes, y sobre todo con un equipo humano que soporte cualquier prueba, incluso el paso del tiempo (estéril), podría-mos tener grandes productos de arte.
Quizás.
Pero no es más que una suposición. ¿Dónde estamos? En Santiago de Chile, rodeados de algunos amigos que están en la misma que uno: armando sus cuentos a costa del tiempo extra, de las amarritas, los alambres en la cañería que gotea, el parche, el "retrato hablado" de lo que debiera ser.
¿Pero qué es lo que "debiera ser"? ¿Acaso no somos así en Chile? ¿No estamos acostubrados a nuestra Alameda-parche? ¿A nuestras exóticas y terroríficas micros, tatuadas y recicladas hasta que la muerte las separe?, ¿No somos acaso una mezcla inata de eternos maestros chasquilla de lo cotidiano?. Me atrevo a decir que sí, aunque ese celular última generación quiera decir lo contrario. Sí, puedo estar equivocado, obvio. Pero es parte de lo que creo que somos, y por ello parte de cómo hacemos lo que hacemos.
Así es como me encuentro, cual maestro chasquilla trabajando con lo que pillo, con lo que encuentro por ahí, y con lo que le queda de vida a esta máquina. Computador le dicen. Todo lleno de parches, en jerga..."el festival del loop suelto".
Heme aquí, haciendo un disco inspirado en el Antipoeta, quien a estas alturas ya casi es mi anticristo de elqui.
Lo hago porque quiero, en todo caso. No me mires con esa cara de "te metiste en camisa de once varas cabrito".
Estoy en el deadline, el punto de no retorno de un atado de música que ni siquiera sé si la escuchará con atención, él, Parra, don Nica. No sé si será de su agrado, si entenderá. Aunque intuyo que sí, como cuando lo ví en Las Cruces y me aprobó (¿sería porque estaba mi hija y no quiso dejarme en ridículo delante de mi pequeña?). Eso ya no importa en todo caso. Ya lo conocí, y él me vió también. Con eso me di por pagado. Ahora estoy ocupado en parar las goteras, en seguir con esto que está a punto de terminar. O de empezar, vaya a saber uno.
Lo único que ahora me ocupa es sacar un disco digno, pobre pero honrado como dirían por ahí. Pobre porque está hecho en casa, y sobre todo honrado, por pedirle ayuda a los amigos.
Pero qué digo. Me quejo de lleno.
¿Qué sabría la Violeta de computadores, de multipistas, de cdr's, de sellos multinacionales? Probablemente nada. Ella pudo con una guitarra hacer lo que yo jamás.
Por eso mejor sigo con esta empresa y me quedo calladito tapando las goteras. Total qué se le va a hacer. A lo hecho, pecho. Y que sea lo que + quiera. Total estoy dejándolo todo en la cancha.
O casi todo.
